Adiós, gaseosa

La primera vez que vi una fuente expendedora de gaseosa de la época soviética fue antes de llegar a Moscú, en una miniserie de los años 70 producida por la BBC y dirigida a estudiantes principiantes de ruso. La serie, titulada “Adiós, verano” (en ruso До свидания лето, como la canción de la famosa cantante Alla Pugachova, que es también la canción que encabeza la serie), está protagonizada por un joven taxista y una estudiante de periodismo. En la primera escena del primer capítulo podemos ver a nuestro protagonista, Victor, sirviéndose un vaso de gaseosa de una fuente de uso publico ubicada en la calle.

Según me han contado, por una moneda de 1 kopeika tenías gaseosa y por una de 3, gaseosa con sirope. El vaso, además, era de uso comunitario: después de beber debías dejarlo en la máquina para el siguiente usuario.

Como pensaba que estas máquinas eran muy populares en la época soviética e imaginaba que había una en cada esquina, cuando llegué a Moscú me vi sorprendida ante la evidencia de que esas máquinas no existían más. Ninguna, ni siquierea una máquina abandonada, inservible, expuesta en la calle como reliquia de un mundo anterior. Nada. Alguien me dijo que en la Stalovaya nº57, comedor de estilo soviético ubicado en GUM, había una, pero nunca conseguí encontrarla (por favor, si alguien la ha visto, dejen indicaciones en los comentarios!).

En Septiembre, tras mis vacaciones de verano, cambié de apartamento y de barrio y me trasladé al sur de la línea violeta. El primer día en este nuevo apartamento, salí del metro después de mi jornada de trabajo, por fin de vuelta a casa, y en la puerta del metro me encontré con una fila de taxis y detrás dos máquinas expendedoras rojas, brillantes, con un cartel blanco donde se podía leer “boda” (agua en ruso). Nunca antes había visto una en Moscú, en ningún lugar: ni en el centro ni en la periferia. Solamente en esta serie de televisión de los años 70, creada para estudiantes extranjeros.

Foto de Laura Morales

Aunque creo que estas máquinas de mi barrio son más modernas porque, según me han dicho, en la época soviética eran de color gris, como las que se encuentran en el Museo de los videojuegos soviéticos, del que hablé en una entrada anterior y del que también habla el periodista y blogger Gonzalo Aragonés en su blog Diario de Moscú.

Además, en estas máquinas modernas, el vaso comunitario de cristal ha sido reemplazado por los vasos de plástico de usar y tirar. Y el precio, por supuesto, a aumentado.

Foto de Laura Morales

Si alguien conoce más ubicaciones de estas máquinas en calles, museos o cafeterías, por favor, escribidme en los comentarios.

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