Colores de otoño: Izmailovo

Foto de Alberto Fornasier

El parque Izmailovo tiene un encanto especial sea cual sea la época del año. Más que un parque Izmailovo es, como la mayoría de los parques en Moscú, un bosque dentro de la ciudad. La vegetación crece salvaje, hay algunos caminos principales, pero muchos pequeños senderos y, si te descuidas, puedes perderte con bastante facilidad (por lo menos yo).

He caminado por Izmailovo en todas las estaciones y por diferentes caminos pero a principios de este otoño MNI y yo decidimos volver para hacer el paseo que sugería Phoebe Taplin en el Moscow Walks de otoño: desde la estación de metro Izmailovo hasta la estación Partizanskaya (aproximadamente 8 km).

Era una mañana soleada y todavía cálida de finales de Septiembre. Recuerdo que aquel día incluso se podía pasear sin chaqueta. Todavía se respiraba cierto ambiente de verano: había multitud de familias con perros, niños, bicicletas… Y también había muchas chicas jóvenes haciéndose sesiones de fotos con las primeras hojas de colores otoñales. Yo misma también recogí algunas hojas e intenté hacer una de esas coronas que las chicas rusas saben hacer pero, obviamente, fue un fracaso.

Foto de Alberto Fornasier

Llegamos hasta el lago rojo (krasny) y giramos a la izquierda, siguiendo las indicaciones de la guía. En ese camino se encuentra Tsarskaya Paseka o el colmenar del zar: un jardín con una hermosa casa de madera con gravados y un colmenar del siglo XIX. Según la guía, en el interior se pueden ver las abejas y también algunos nidos de lechuzas. Pero el colmenar del zar está cercado y cerrado y solo se puede acceder algunos días al azar, sin horario fijo. Pero, según Phoebe Taplin, si llamas al timbre y pides educadamente que te dejen entrar, el guardián abrirá la puerta y te permitirá echar un vistazo al interior.

Nosotros estábamos mirando a través de las rejas cuando una entrañable abuelita con su pañuelo atado a la cabeza llegó junto a la puerta y empezó a gritar el nombre del guardián. Gritó varias veces “Seriozha”, pero sin éxito. La señora nos miró y se encogió de hombros y tanto ella como nosotros nos tuvimos que ir sin poder visitar el colmenar y sin ver a Seriozha. Si vais alguna vez, no olvideis llamar a Seriozha, tal vez tengais más suerte que nosotros.

Seguimos las indicaciones de la guía para salir del parque hasta llegar a la carretera Izmailovskoye Shosse. La cruzamos, cruzamos también un puente y llegamos a la isla donde Pedro el Grande pasó su juventud y aprendió a navegar: en la entrada se encuentra una escultura de Pedro el Grande con un ancla y, a la derecha, la catedral Pokvrosky. En esta catedral acababa de celebrarse una boda y los novios, vestidos estilo años 50 en Estados Unidos, se hacían fotos con los familiares y bailaban canciones de Frank Sinatra. De hecho, este día había bodas por todas partes.

Foto de Laura Morales

Regresamos a la estatua del joven Pedro y giramos esta vez a la izquierda y caminamos hasta encontrar un puente que permite salir de la isla. Desde ese puente hay una maravillosa y sorprendente vista del Kremlin de Izmailovo, donde se encuentra el gran mercado de souvenirs, hacia el que nos dirigimos a continuación. Caminamos por los diferentes pisos y niveles y nos perdimos en el laberinto del mercadillo: vimos los souvenirs de siempre (matrioshkas, cajas de música, muñecos de Cheburashka…) entre alfombras que parecían sacadas de la cueva de Alí Babá, trastos viejos, cuadros, iconos, antiguedades de época soviética, pósters con mensajes comunistas… Entre todo ese caos encontré a Ekaterina y Anatoli, una joven pareja de artistas que fabrican sus propios y originales souvenirs. Ellos pintan sus propias matrioshkas, pendientes, espejitos, adornos para el árbol de navidad, cohetes espaciales y muchas cosas más… todo hecho en madera, con mucho detalle y de colores vivos. Desgraciadamente, no tienen página web o catálogo online, pero los podéis encontrar en la parada nº 22, sábados y domingos de 11 a 17 horas. Hablan un poquito de inglés.

En el mercado de Izmailovsky hay también un peculiar pero interesante museo, según Phoebe Taplin, para los visitantes de la ciudad. Se trata del museo del Vodka. Pero en esta ocasión pasamos de largo y regresamos a casa… sobrios.

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