Un gato comunitario

En los barrios de Moscú hay un montón de gatitos callejeros. Normalmente las viejecitas les ponen agua, leche y comida cada día en las calles. Pero cuando empieza a hacer frío muchos gatos buscan el calor del hogar debajo de los coches o en las escaleras de los edificios.

Recuerdo la primera vez que lo vi: salí de casa para ir al trabajo y mientras bajaba las escaleras, una bolita de pelo gris se interpuso en mi camino. Estuve a punto de pisarlo, estaba acurrucado en uno de los peldaños y me miraba desde ahí abajo con sus ojos grandes y redondos.

Me sorprendió lo bonito que era: un gatito pequeño con el pelo largo de color gris y blanco y sorprendentemente limpio. Lo primero que pensé fue que se le había escapado de casa a algún vecino y que pronto se daría cuenta y lo haría entrar. Por la noche, mi AMB y yo volvíamos a casa y le conté la historia del gato. Por supuesto, yo estaba convencidísima de que el gato ya no estaría. Pero el gato seguía ahí, más o menos en el mismo escalón donde lo había visto por la mañana. MAB se acercó y lo empezó a acariciar. A él le encantan los gatos: ha tenido dos y sabe cómo tratarlos y jugar. Yo soy más de perros, nunca he tenido un gato y siempre decía que no me gustaban y que me daban un poco de asco. Pero cuando vi que empezaba a ronronear mientras él lo acariciaba sentí un arrebato de ternura. Es un gatito muy tranquilo, no es juguetón, pero sí es muy mimoso y le encanta que lo toquen y lo cojan en brazos. Se nota que está acostumbrado a estar con personas.

Foto de Laura Morales

Cuando llegamos a nuestro rellano vimos que la vecina de al lado, una viejecita muy amable y simpática que me habla en su inglés macarrónico cada vez que me ve, le había puesto un platito con comida y otro con agua.

A la mañana siguiente, ya no estaba allí. La verdad, me sentí un poco triste. Había empezado a cogerle cariño y me hubiera gustado llevarlo a casa. En cambio, no podía dejarlo pasar a casa porque en mi piso está terminantemente prohibido tener animales. Y a mí compañera de piso, además, no le gusta tener animales en casa.

Desde ese día, el gatito ha ido apareciendo de forma intermitente en mi escalera. Pasado un día o unas horas se va. Después vuelve a aparecer el día menos pensado. Cada vez que salgo de casa pienso en él, en si estará ahí en su escaloncito mirándome con sus grandes ojos.

Una mañana yo bajaba a comprar y ahí estaba. Me miró y no pude resistirme: tuve que agacharme junto a él y acariciarlo. Empezó a ronronear, a frotarse contra mi pierna y a maullarme. Después de un ratito, decidí continuar y bajar las escaleras para ir a comprar. Pero el gato me seguía todo el tiempo y tenía miedo de abrir la puerta de la calle: no quería que se escapara. Entonces subí hasta mi rellano con él detrás y le señalé el platito de leche que mi vecina le había puesto. Le dije: espérame aquí. Y me fui al supermercado. A la vuelta, el gato seguía en el mismo lugar pero por la noche ya había desaparecido.

Lo he visto un par de veces más. Una de ellas fue en la calle, estaba en el parque cerca de mi casa, mirando atentamente a un perro sin hogar, como él. Y la última vez fue el lunes por la mañana: MAB y yo salíamos de casa a las 8. Todo estaba un poco oscuro y nosotros medio dormidos. Abrí la puerta de mi apartamento bruscamente y ahí estaba el gato. La verdad, yo no lo esperaba encontrar justo detrás de la puerta y me parece que él tampoco esperaba que yo la abriera con tanta enrgía, así que los dos nos asustamos un poco. Entonces, decidimos llamarlo Susti, un nombre un poco neutro, porque no sabemos si es chico o chica. El mismo lunes, cuando volví a casa a comer a mediodía, Susti ya no estaba. Y por ahora no ha vuelto más.

Varios vecinos le ponen comida en la escalera y supongo que algunos de ellos le habrán puesto nombre, como nosotros. A veces oigo como otros vecinos salen de sus casas y lo llaman “ksksksks” (manera rusa de llamar a los gatos, en español “bsbsbsbsbsbss”). Me pregunto en cuántos bloques le pondrán comida, nombres, lo acariciarán y lo cogerán en brazos. Es un gato muy listo y muy afortunado: estoy segura de que no solo tiene una casa sino muchas y trabaja como gato comunitario a tiempo parcial.

Foto de Alberto Fornasier

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