Oasis en la ciudad

Desde hace unos días vengo dándome cuenta de que la Navidad está llegando poquito a poco a Moscú: unos adornos navideños en un escaparate; decoración para el árbol de Navidad en un centro comercial; dulces, bombones y chocolate en los supermercados, un cartel publicitario de Coca Cola con Papá Noel en Manezhnaya Ploshad… El cielo está de un color gris blanquecino y los primeros copitos de nieve han caído ya. Se huele el invierno en el ambiente.

Por eso, el fin de semana pasado mi AMB y yo decidimos estrenar nuestra guía de invierno de Phoebe Taplin. Elegimos un paseo corto que tuviera museos, porque el día estaba gris y lluvioso y nos sentíamos un poco cansados. Escogimos el paseo titulado “Felt boots and ballet slippers” (“Botas de fieltro y zapatillas de ballet”), del que la autora dice que es un paseo colorido, ideal para un día gris. El paseo, de unos 4 km, empezaba en la estación de metro Paveletskaya y terminaba en Proletarskaya.

La primera parada del paseo, muy cerca de la salida del metro, consistía en el Museo del Bosque: una acogedora  casita del siglo XIX llena de notas y mapas de exploradores de los bosques, fragmentos de madera de diferentes árboles de rusia, reproducciones y pinturas de paisajes del bosque y animales, todo ello con un fondo de pajaritos cantando. El museo es pequeñito y no hay muchísimas cosas que ver (nuestra visita duró unos 20 minutos), pero merece la pena visitar este espacio tan cálido y acogedor, especialmente si se viaja con niños. La entrada cuesta 30 rublos.

Según la guía, a la salida de este museo, merece la pena pasarse por el vecino Museo Bakrushin, dedicado a los vestuarios del teatro. Nosotros decidimos pasar de largo porque preferíamos dirigirnos al siguiente punto, que no iba a tardar mucho en cerrar. Se trataba de la tienda-museo-taller de las tradicionales botas de fieltro rusas,Valenki

Foto de Alberto Fornasier

Foto de Alberto Fornasier

Para ir desde el museo del bosque al de los Valenki, caminamos unos 15-20 minutos por unas calles con aspecto de polígono industrial abandonado (recuerdo que nos encontrábamos en el centro de Moscú). El museo de los Valenki es muy pequeño también, pero consta de una exposición de valenki muy originales así como de varios objetos y máquinas para fabricarlos y fotos de personajes famosos usándolos. Al entrar, una guía nos explicó el proceso artesanal de producción de las botas. Es necesario depositar 50 rublos dentro de un Valenki situado en la mesita que hay en la entrada y después se puede pasar a la tienda, situada en el local de al lado, donde venden todo tipo de objetos de fieltro y lana: mantas, gorros y sombreros, bolsos y, por supuesto, diferentes tipos de Valenki cuyos precios rondan entre los 1500 y los 3000 rublos, dependiendo de lo altas que sean, de la suela y de los diferentes adornos que tengan.

Yo me preguntaba si los rusos usan realmente estas botas porque, aunque son muy calentitas, no me parecen muy cómodas para la vida urbana actual. De hecho, los rusos suelen usarlas solamente cuando van a sus dachas (casas de campo) los fines de semana invernales, pero no en la ciudad. De todas maneras, pueden ser un recuerdo bonito, artesanal y original para los visitantes de la ciudad. Otra cosa a tener en cuenta al comprar un par de Valenki es que la numeración es diferente: se debe consultar una lista de equivalencias de tallas que se encuentra en la tienda.

Después de probarme varios pares de Valenki distintos salimos del museo y caminamos hasta encontrar el río. Cruzamos el puente y nos dirigimos hacia el Monasterio de Novospassky. Los visitantes extranjeros y no ortodoxos debemos tener en cuenta siempre algunas normas de conducta básicas a la hora de entrar en los templos ortodoxos: las mujeres debemos cubrirnos la cabeza y llevar una falda que cubra, como mínimo, hasta las rodillas; los hombres deben descubrirse la cabeza. En caso que las mujeres no lleven ningún fular para taparse la cabeza y que ese día vistan falda o pantalón corto, en la entrada se encuentra un pequeño cofre con diferentes ropas y telas para cubrirse.

Foto de Alberto Fornasier

Lo que más nos sorprendió, además de la riqueza del Monasterio, fue la gran cantidad de fieles que había ese día en la Catedral y pensamos que podía tratarse de alguna celebración ortodoxa especial porque había un gran número de ancianas esperando en el interior. Muchas de ellas se habían llevado una silla plegable de casa y el termo con el te. También había una gran fila de ancianas esperando su turno para arrodillarse ante unas reliquias. Algunas de ellas incluso besaban el suelo. Cerca de aquel icono se encontraba también una mesa llena de pan y otros dulces.

Salimos de Novospassky y cruzamos la calle principal a través del paso subterráneo. En la acera opuesta se encuentra mi lugar favorito en Moscú (y según Phoebe Taplin uno de los lugares más atmosféricos de la ciudad), el conjunto patriarcal Krutitskoye Podvorye, construido en el siglo XVII. Para acceder a este conjunto patriarcal hay que cruzar una puerta de rejas y un hermoso patio con casas de madera.

Foto de Alberto Fornasier

Cuando hace buen tiempo (sobre todo en primavera y verano) es posible ver a muchos artistas pintando en este patio y es un lugar ideal para sentarse a leer entre los pintores y alejarse del ruido de la gran ciudad. Como dice Phoebe Taplin en su guía, Krutitskoye Podvorye es “un maravilloso e inesperado oasis en el caos del Moscú moderno”.

Saliendo de este remanso de paz y tanquilidad, se encuentra la estación de metro Proletarskaya, lugar ideal para volver a la caótica y agitada realidad moscovita.

Anuncios