En el Moscú salvaje (II)

En la entrada de Losiny Ostrov había un gran mapa del gigantesco parque nacional. Debíamos tener cuidado en encontrar el camino justo. Un paso en falso y todo nuestro paseo podría convertirse en una pesadilla en medio del bosque.

Foto de Laura Morales

Empezamos a seguir un sendero marcado en el suelo. El día era espléndido, brillante y gélido. Hacía un viento frío que nos cortaba la cara y que hacía balancearse a los árboles. Había muy poca gente en este camino y no se oía nada más que el viento y el gruñido de los altos abedules.

Foto de Laura Morales

Al final del camino llegamos a un espacio abierto con césped, bancos y pequeñas esculturas de madera de diferentes animales del bosque. Ahí se encontraba también la casa de información para los visitantes del parque. Una vez ahí, no supimos descifrar el plano para continuar nuestro camino en dirección a la casa de MNI. Por eso, decidimos seguir un pequeño caminito marcado en el suelo, que se adentraba en el bosque por detrás de la casa.

En ese estrecho camino no había nadie. Era un camino pequeño y sombrío, repleto de árboles cuyas ramas  casi no dejaban pasar la luz del sol. Caminamos y caminamos siguiendo el pequeño camino, que a veces nos parecía que empezaba a borrarse tras nuestros pasos. Debo confesar que tuve un poco de miedo. No sabíamos muy bien hacia adonde nos llevaría el camino, en caso de llevarnos a alguna parte. Losiny Ostrov tiene 116 km cuadrados y, por eso, el riesgo de perderse es algo serio.
Seguíamos avanzando por nuestro sendero diminuto, llenos de duda y un poco de miedo cuando, de repente, algo muy grande cruzó nuestro camino corriendo a gran velocidad  a apenas unos metros de nosotros. Nos miramos con los ojos como platos y preguntamos  ¿qué ha sido eso?, ¿un caballo salvaje?

Cada vez con un poco más de miedo seguimos avanzando. Hasta que sentimos unos ojos clavados en nosotros…el extraño animal se había parado y, oculto tras unos árboles, nos miraba. Nosotros también nos paramos y lo miramos. Los tres nos mirábamos fíjamente. Nosotros no sabíamos muy bien de qué animal se trataba. Probablemente él (o ella) estaba igual de sorprendido/a por  nuestra presencia.
Primero nos había parecido un caballo salvaje, pero al verlo quieto y más de cerca pudimos comprobar que aquello no era un caballo. Era más alto y más grande, de color gris oscuro, con las orejas cortas y en punta y una cara simpática. Losiny Ostrov, en ruso, significa “La isla del alce”. Efectivamente, era un alce. Más concretamente, un alce hembra – no tenía cuernos.

Si hubieramos podido hacerle una foto hubiera salido más o menos así.
Foto de la web ecotours-russia.com

En aquel momento tuvimos tanto miedo del misterioso animal que nos miraba que ni siquiera tuvimos tiempo de hacerle una foto. Dimos media vuelta inmediatamente, asustados, hasta encontrar el camino principal. Un ancho camino asfaltado lleno de gente paseando, corriendo, en bicicleta… por fin de vuelta a la civilización nos sentimos más seguros. (Ahora lo pienso y siento vergüenza de haber tenido miedo de un animalito con ese aspecto de bueno pero es que en directo impresiona!)

Seguimos este camino asfaltado hasta prácticamente el final hasta que encontramos una desviación a la izquierda, dirección que debíamos tomar para llegar a la salida del parque. Era un camino de tierra convertida en barro por las últimas lluvias otoñales. Caminamos hundiendo nuestros pies en el barro hasta el final del camino, que nos llevó a una carretera.

Seguimos esta carretera hasta el final, cruzamos varias calles y avenidas. Cruzamos un barrio entero de bloques de pisos hasta llegar a la avenida Sholkovo, al final de la que se encuentra la estación de metro Sholkovskaya. A 15 minutos del metro vive MNI. Por fin, llegamos destrozados y muertos de cansancio a su casa tras 5 horas de paseo a marcha ligera y sin pausa. En total caminamos cerca de 20 km. No está nada mal, ¿verdad? Un pequeño paseo para estirar las piernas.

Mapa de Yandex.ru con nuestro recorrido desde Babushkinskaya hasta Sholkovskaya

Anuncios