Petrovich

Hacerle un regalo de cumpleaños a un novio es algo super complicado. No me había dado cuenta hasta ahora. Me he pasado las últimas dos semanas sin dejar de darle vueltas al tema y escribiendo listas de qué cosas comprar, cuándo y cómo organizarlas. Cuando por fin acababa de comprar el regalo en un arrebato de decisión, me di cuenta de que podría haber comprado otra cosa mejor. Una cosa que estaba segura que él no podía esperar.

Aunque ya había comprado mi primera idea de regalo, decidí que no era importante: podía comprar algo más. Así que ni corta ni perezosa me dirigí al Club Petrovich.

Foto de Facebook.com

El lugar donde ambos trabajamos tenía antes su sede justo enfrente del Petrovich y MAB era un cliente habitual. En este lugar sirven uno de los Business Lunch con precio más competitivo en todo Moscú, unos 120 rublos. Este menú del día consta de un self service de diferentes ensaladas, sopas, pan, bebida (compot) y dulces e incluye después un segundo plato fijo, (por desgracia) siempre de carne o pescado con guarnición. Si quieres un té o un café, lo pagas a parte, claro.

El hecho de que en el menú del día sirvan cada día carne o pescado y el no saber exactamente qué ponen en la sopa hacen que no vaya a comer nunca. Solamente fui una vez durante la Cuaresma. Durante la Cuaresma ortodoxa, las personas que la practican (que son bastantes) cambian su dieta a un vegetarianismo estricto. Para mi suerte, en absolutamente todos los cafés y restaurantes ofrecen un menú vegano especial durante cuarenta días.

Foto de la web Petrovich.ru

A partir de las 5 de la tarde, Petrovich cierra sus puertas al público y se convierte en un club privado solo para socios. Y para conseguir ser socio debes recibir la invitación de otro socio. Lamentablemente, nosotros no lo hemos conseguido.

El Petrovich es un lugar con verdadero encanto soviético. Ubicado en un sótano, cuando abres la puerta metálica de la calle y bajas las escaleras, tienes la sensación de haber entrado en una máquina del tiempo. El espacio interior está dividido en diferentes salas: una sala central al fondo, donde se sirve el menú del día y otras salas más íntimas a los lados del pasillo. Las salas pequeñas solamente son accesibles cuando el Petrovich se convierte en club selecto. Durante el día, los invitados podemos simplemente asomarnos a echar un vistazo a la decoración. Esta es diferente en cada una de las salas, pero siempre con un toque retro soviético muy auténtico.

Otro de los elementos característicos del Petrovich es su vajilla. Todos los platos, saleros, servilleteros, etcétera son únicos: tienen el dibujo del tal Petrovich que da nombre al Club. Y este personaje fue diseñado por el dibujante y fundador del club, Andrey Bilzho.

Bilzho colabora como dibujante de tiras cómicas satíricas en varios periódicos y ha creado también algunos episodios animados. Además de Petrovich, Bilzho tiene otros personajes recurrentes que protagonizan sus historietas.

Traducción: “Petrovich, yo no quiero ser diputado. La política es un negocio sucio.”

El club fue fundado por Bilzho el año 1997 y desde entonces es la sede de numerosos intelectuales rusos y extranjeros, periodistas, políticos etcétera que se reúnen por la noche en el club para escuchar música en directo, beber vodka, jugar al billar y, en definitiva, pegarse la vida padre.

Los socios y no socios del Petrovich pueden colaborar en varios sentidos: por una parte, pueden donar objetos al restaurante. Gracias a estas donaciones se ha conseguido su atmósfera especial (el Club posee realmente algunos objetos únicos). Por otra parte, se pueden comprar los diferentes objetos de Petrovich: platos y vasos y, por supuesto, también camisetas. Como la que le compré a mi chico.

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