Final de trayecto: el país de los cuentos

Ilustración de Vasilisa de Iván Bilibin

En nuestra primera cita, hace algo más de un año, MNI me contó que estaba leyendo un libro muy interesante sobre el origen antropológico de los cuentos tradicionales rusos. Se trataba del ensayo Las raíces históricas del cuento de Vladímir Propp. Rápidamente me interesó este tema porque cuando era niña tenía un libro precioso de cuentos rusos tradicionales con unas ilustraciones magníficas de Iván Bilibin. Casualmente, él tenía el mismo libro.

Un tiempo después descubrí gracias a la guía de otoño de Phoebe Taplin, que existe una reproducción de la casa de Baba Yaga, la bruja de los cuentos rusos. Esta casita se encuentra en Abramtsevo, un pequeño pueblo a 60 km al norte de Moscú.

Ayer por la mañana bien temprano preparamos una mochila con bocadillos, fruta, galletitas y, muy importante, un termo de té bien caliente y salimos hacia la estación Yaroslavsky bokzal, desde donde salía nuestro tren. En la guía estaba escrito que debíamos tomar el tren en dirección Sergeiev Posad o Alexandrov, pero que debíamos ir con cuidado porque no siempre ni todos paran en Abramtsevo. Después de preguntar a 10 personas diferentes en qué vía debíamos esperar el tren correcto, pero nadie sabía nada.

En las pantallas de información estaba escrita una lista de los pueblos donde nosotros pensábamos que paraba el tren, y Abramtsevo no estaba escrito en la lista. El tren partía en 3 minutos y como no estábamos seguros no nos decidimos a subir. Finalmente preguntamos a los guardias de seguridad que nos señalaron muy amablemente que en las pantallas de información están escritas las estaciones donde el tren NO para. Entonces, si Abramtsevo no está escrito en la pantalla, es posible tomar el tren. Demasiado tarde, el tren ya había salido. Tuvimos que esperar durante 30 minutos en el andén y al aire libre al siguiente tren. Nos subimos en el siguiente, preparados para el espectáculo de viajar en tren en Rusia.

Foto de Laura Morales

Lo que más me gusta de ir en un tren en Rusia es el desfile de gente con bolsas y maletas, de señoras mayores que van y vienen quién sabe adónde ni de dónde y de vendedores ambulantes: uno tras otro van de vagón en vagón promocionando sus mercancías, desde linternas hasta helados pasando por calcetines, fregonas, cuchillas de afeitar o cubos de rubik.

Nosotros sacamos nuestro termo y nuestra comida y disfrutamos del espéctaculo durante los 80 minutos que dura el viaje hasta Abramtsevo.

El tren paraba en muchas estaciones, todas iguales. Era difícil entender por qué la gente bajaba en esos parajes que parecían semiabandonados y en el medio de la nada. Y en el mejor de los casos, parecía que había bosque. Una de estas paradas, para haceros entender que están situadas en sitios muy raros, se llamaba KM 43, haciendo referencia a los kilómetros desde Moscú. Podéis imaginar qué tipo de “pueblo” puede ser ese con ese nombre.

Desde la ventana se veía un paisaje un tanto desolador: entre el bosque, de vez en cuando, aparecía un bloque de pisos, un mercado destartalado, un grupo de casitas prefabricadas, caminos con coches viejos y gente que caminaba ahí en medio de la nada.

Cuando llegamos a Abramtsevo, oh sorpresa, nuestra estación era igual que las demás. Parecía un lugar abandonado en la mitad del bosque. Cruzando las vías del tren (y después de haber hecho una foto de los horarios del tren de retorno) vimos un sendero que se adentraba en el bosque. ¿Qué nos esperará? ¿Encontraremos el país de los cuentos al final del camino? ¿O nos perderemos y la bruja Baba Yaga nos comerá?

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Foto de Laura Morales

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