Recuerdos de chocolate

Cuando uno visita un país extranjero vuelve a casa con la maleta llena de souvenirs. ¿Quién no se lleva unas matrioshkas o una botella de vodka tras su visita a Rusia? Lo que probablemente uno no pensaría en llevarse de Rusia, sino más bien de Bélgica, es una tableta de chocolate. Y sin embargo es uno de los mejores souvenirs posibles.

Foto de la web lenta.ru

¿Y quién que haya estado en Moscú no conoce a la niña de la imagen? Ella es Alyonka.

Alyonka es una de las muchas  marcas de la fábrica de chocolate moscovita Krasny Oktyabr (Octubre Rojo). Las chocolatinas Alyonka se presentan en varios formatos: como tableta, bombones, pastelitos… y se caracterizan por tener en el papel el retrato de esta niña con los mofletes rollizos y colorados, unos grandes ojos azules y un típico pañuelo cubriéndole la cabeza.

Cuando ves el papel del envoltorio no puedes evitar pensar ¡qué monada! y te lanzas a comprarlo. De hecho, esa es una de las primeras cosas que compré en el supermercado cuando llegué a Moscú por primera vez. Tras la compra estaba impaciente por llegar a casa para desenvolver delicadamente el chocolate e hincarle el diente. Por fin llegó el momento de la verdad. Empecé a quitar el papel con cuidado para no romperlo, como si esa tableta de chocolate fuera mi mayor tesoro. Corté una onza. Le di un mordisquito y dejé que se deshiciera en mi boca… busqué la fecha de caducidad en el envoltorio. Todo estaba bien, solamente era así: sabía a chocolate pasado. Pero eso es algo que nunca hay que decirle a un moscovita.

Unos meses después de mi llegada a Moscú empecé a dar clases a una señora con un alto cargo en un importante banco. Es posible que hable más de ella en futuros posts así que a partir de ahora la llamaré La Señora del Banco. Pues bien, le doy clases en su oficina y sus secretarias siempre me sirven un té acompañado de un platito con algunos dulces. Por supuesto son bombones de diferentes tipos, pero todos de Krasny Oktyabr. Los primeros días cogía uno, por cortesía, y su sabor me seguía pareciendo el mismo que el de mi primera impresión. Además de los clásicos bombones de Alyonka, en la oficina de La Señora del Banco descubrí el amplio surtido de Krasny Oktyabr: los bombones de los osos, los de la ardilla, los de la nave espacial, los de la flor… El chocolate en sí mismo no me llamaba la atención, pero los envoltorios me fascinaban (y aún hoy siguen haciéndolo).

Foto de la web irecommend.ru

Un día cayó en mi plato un bomboncito con el papel naranja y el perfil de una de las torres estalinianas dibujado. Cuando La Señora del Banco lo vio me dijo que ese era su bombón favorito cuando era niña, pero en aquella época (mi señora tiene 55 años) eran muy caros y suponían todo un lujo: solo podía comerlos una vez al año, como regalo de Año Nuevo. Según ella, el bombón Stolichnye (así se llama) era el mejor de todos. Por supuesto, no pude negarme.

En serio, aquel bombón me pareció bastante mejor que los otros, aunque tampoco me apasionó la primera vez que lo comí. Desde aquel día, las secretarias siempre esconden algún Stolichnye en el platito. Estoy más que segura que Mi Señora del Banco se lo pidió expresamente, porque si algún día ella se daba cuenta de que no me lo había comido me hacía llevármelo para comérmelo más tarde.

Después de comer los bombones de Krasny Oktyabr dos veces por semana desde hace un año en la oficina de La Señora del Banco me han acabado gustando. Y mucho. Incluso los que antes no me gustaban. Pero los gustos se adaptan y cambian. Muchas mañanas llego a su oficina pensando… ¿qué bombones tocarán hoy: el de la torre, el de los osos..?

Amenazo a mis amigos y familiares con llevar un buen montón a España estas Navidades. Aunque sé que lo más seguro es que a ellos no les gusten. Correré el riesgo de tener que comérmelos yo sola… ellos nunca sabrán lo que se pierden.

foto de eyange.livejournal.com

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