El Maestro y Margarita… y Beguemot

Hoy ha sido un sábado muy perezoso: por la mañana parecía que no quería amanecer y me ha costado mucho levantarme. Cuando por fin lo he conseguido, un desolador paisaje me estaba esperando al otro lado de la ventana. La nieve que había caído abundantemente en los últimos dos días se había fundido casi por completo. Y en lugar de un paisaje blanco y brillante me encontré con una calle inundada de barro.

¿Qué hacer en un día como este? No era muy buena idea dar uno de nuestros clásicos paseos con un suelo tan empantanado. Entonces MNI y yo hemos aprovechado para descansar en casa y cocinar un poco. Pero… ¿estar en casa todo el día? ¿Nosotros? ¡¡Imposible!!  Como somos un culo de mal asiento, después de comer hemos quedado en el centro con un amigo y hemos dado un paseo por Patriarshie Prudi, en español El estanque del Patriarca.

Foto de Alberto Fornasier

Foto de Alberto Fornasier

Era ya de noche pero las luces de las casas y de los cafés iluminaban el estanque cubierto de una capa blanca de hielo. Todo estaba blanco y brillante como en una postal navideña. Nosotros paseábamos rodeando el estanque: pasamos cerca de las  maravillosas esculturas de animales que representan las fábulas de Krilov, al lado del lujoso restaurante… Cuando en un momento concreto vi a tres personas sentadas en un banco discutiendo acaloradamente. Oí algunas voces y descubrí que discutían sobre la existencia de Dios. Un tema muy filosófico para un sábado por la tarde. En ese momento me di cuenta de que eran Berlioz, Bezdomni y Voland. Estos, junto al diabólico gato Beguemot, son los personajes principales de El Maestro y Margarita. 

Así empieza el primer capítulo de una de las novelas rusas más importantes del siglo XX escrita por Mikhail Bulgakov. Esta es una de las novelas favoritas de los moscovitas de nacimiento o de adopción porque en ella hay muchas referencias a escenarios de la ciudad. Y por ser una novela tan emblemática, los moscovitas han creado también referencias de la novela de Bulgakov en la ciudad.

El más famoso lugar es la casa de Bulgakov, situada a unos pasos del estanque. Esta casa es ahora un museo donde los admiradores de la novela peregrinan. Pero el Café Margarita merece una visita aunque no se sea un admirador de la obra de Bukgakov. Este pequeño y acogedor café se encuentra en una de las esquinas del Estanque del Patriarca. En este lugar se puede comer, beber y escuchar música en directo por la noche…pero es necesario una reserva. Nosotros no la teníamos por eso pasamos de largo y buscamos otro café. Decidirnos por otro café fue un trabajo duro porque en Moscú hay muchos lugares bonitos que invitan a entrar.

Foto de Alberto Fornasier

Foto de Alberto Fornasier

Finalmente nos decidimos a entrar en uno que no tenía cartel en la puerta, pero que nos gustó desde fuera porque en el interior había estanterías llenas de cafeteras, teteras, tazas y diferentes botes con miles de variedades de tés y cafés. Las paredes eran de ladrillo blanco y las mesas también blancas con unos sillones que parecían muy cómodos y en la barra ofrecían un gran surtido de trufas y pastelitos.

Foto de Alberto Fornasier

Foto de Alberto Fornasier

Los propietarios del bar eran muy agradables y nos atendieron en inglés (cosa rara). Muy amablemente nos explicaron su surtido y decidimos tomar un chocolate caliente. Los chocolates que ofrecen en este lugar sin nombre son varios y raros. Nosotros elegimos: chocolate con jengibre; chocolate con leche con especias y chocolate negro también con especias. La cosa que nos pareció más extraña fue que nos trajeron una taza de leche caliente y una cuchara de madera pinchada en un “vasito” de chocolate. ¿Qué teníamos que hacer con eso? Pues muy simple…como nos explicó el camarero, debíamos sumergir el chocolate en la leche caliente hasta que se mezclaran.

Después de una conversación agradable tomando este delicioso chocolate y unas trufas, llegó la hora de despedirnos. Pero yo no quería irme de esta cafetería sin coger una tarjeta. Nos dijeron que aún no tenían tarjetas de visita porque el lugar es nuevo pero nos escribieron el nombre y la dirección del lugar en un papel. Cogí el papel y leí el nombre por primera vez. En este momento la sangré se me congeló. En vez de ir a un lugar paradisíaco como el Café Margarita habíamos ido a un lugar diabólico… el Café Beguemot!

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