Brujas y demonios

Foto de ria novosti

Durante la pausa, las muñequitas de porcelana se habían despojado de sus cándidos vestidos, se habían retocado el maquillaje, se habían soltado las trenzas. Los chicos habían dejado en el camerino su sonrisa blanca y sincera y se habían convertido en diablillos. Las brujas y los demonios ya estaban listos para dar comienzo a la misa negra y esperar la llegada de satanás. La sala se oscureció y se encendieron las hogueras, empezó a sonar música de Rimsky Korsakov y comprendimos que nos encontrabamos en el Monte Pelado y que esa era la noche de San Juan sobre la que Gogol había escrito en una de sus historias. Igual que MNI y yo, probablemente muchos también conozcáis esta famosa pieza musical de Rimsky Korsakov gracias a la maravillosa película de Disney Fantasía:

En el escenario había un cielo negro estrellado, hogueras encendidas, brujas volando sobre sus escobas, y una orgía de brujas y demonios. Todos ellos estaban hipnotizados por Satanás, que en el momento cumbre del espectáculo también hizo acto de presencia en el escenario.

Los bailes populares ordenados y elegantes, de apariencia sencilla y grácil de la primera parte dejaron paso a unos bailes desenfrenados, llenos de movimientos aparentemente caóticos e improvisados. Los vestidos tradicionales llenos de bordados se habían convertido en trajes de color carne pegados al cuerpo, simulando la desnudez de estas criaturas satánicas, que solamente vestían unas cortísimas fladas de flecos a modo de taparrabos.

Saltos y piruetas imposibles, acción y movimientos frenéticos: los bailarines parecían verdaderamente poseídos, así como el protagonista de la historia, un joven fornido de los de la primera parte que había caído en el vicio de la bebida y veía esas monstruosidades en su sueño etílico.

Al amanecer sonaron las campanas de la iglesia en el pueblo y las criaturas de la noche se disiparon. Los aldeanos se despertaban y salían a recibir el nuevo día. El borracho también despertó de su pesadilla infernal pero se sentía aturdido: había sido tan real…

La segunda parte del espectáculo nos fascinó. En varios momentos me giré para mirar a MNI y estaba con la boca abierta y los ojos como platos contemplando la fiesta de danza, música, luces y color que se desarrollaba en el escenario.

En la sala había también muchos niños con sus padres y todos contemplaban el espectáculo muy tranquilamente. Pienso que si yo hubiera visto algo así cuando era niña hubiera tenido muchísimo miedo.

Cuando el espectáculo terminó muchos niños y adultos se levantaron para llevar flores a los bailarines. No deja de sorprenderme esta costumbre rusa de llevar flores a los espectáculos. Me parece una muestra de agradecimiento y de reconocimiento a su trabajo muy bonita. Los aplausos duraron largo tiempo y al final nos dolían las manos de tanto aplaudir. MNI y yo volvimos a casa saltando y bailando. Después del ballet nosotros mismos nos creíamos capaces de poder bailar así.

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