Como disfrutar del mal tiempo en Moscú (III)

Foto de Alberto Fornasier

Foto de Alberto Fornasier

Últimamente no escribo aquí tanto como me gustaría pero las vacaciones, con su consiguiente vuelta al trabajo, tienen esas cosas. De hecho, tengo un tema pendiente desde antes de las vacaciones: el día antes de volver a España por Navidad encontré mi segunda casa en Moscú.

La escuela donde trabajo había organizado un club de cine italiano en una cafetería nueva en el centro para promocionar nuestros cursos. Mi Novio Italiano era el responsable de hacer algunas actividades relacionadas con la lengua y el cine y después iban a proyectar una película de Fellini. Yo había terminado ya mis clases y decidí acercarme al café para ver cómo le iba a MNI. Él me había escrito un mensaje con la dirección del lugar pero ya se sabe que, en Rusia, saber la calle y el número no equivale a “encontrar fácilmente el lugar que buscas”. Esta vez no fue una excepción y la indicación “Calle Tverskaya, 12” no servía de mucho: el número 12 se refería a toda una manzana llena de tiendas y puertas de entradas a edificios que parecían de oficinas.

TsiferblatTras varias llamadas a MNI por fin encontré el lugar: más misterioso imposible. Hay que acercarse a la diminuta puerta de uno de los edificios, donde hay un pequeño cartel como el de la imagen a la derecha de este párrafo y llamar al timbre. El portero pregunta adónde vas y debes contestar – a modo de contraseña secreta – Tsiferblat. Al cruzar la puerta me encontré con el interior de un edificio normal y corriente con una escalera y muchas puertas. En el segundo piso se encuentra el café… por fin!

Delante de la puerta principal se encuentra el mostrador, siempre atendido por personas muy jóvenes y modernas, que se presentan, te dan un reloj viejo y sin pilas, apuntan tu nombre y la hora de llegada y te preparan el café. Tsiferblat es también una cafetería de esas en las que se paga por el tiempo que estás y no por lo que consumes.

Y, la verdad, a mí no me importa nada pagar lo que sea por pasar el tiempo en este lugar. Aunque, además, es bastante barato: la primera hora cuesta 2 rublos el minuto, a partir de la segunda hora 1 rublo el minuto y a partir de la quinta hora es gratis. Con lo cual, el precio oscilará entre 120 y 360 rublos como máximo. En este tiempo se pueden tomar tantos tés o cafés como se desee y comer deliciosas galletitas.

Foto de Laura Morales

Foto de Laura Morales

Tsiferblat no es una cafetería: no funciona como tal y ni siquiera tiene distribución ni aspecto de cafetería sino que, más bien, parece un apartamento. Tiene dos pisos, como si fuese un dúplex, y varias habitaciones con diferentes estilos y atmósferas, pero siempre cuidando hasta el más mínimo detalle.

Foto de Alberto Fornasier

Foto de Alberto Fornasier

Las habitaciones son pequeñas y acogedoras, tampoco hay muchas mesas en ellas y esto contribuye a crear una atmósfera de intimidad. Varias tienen ventanas con vistas a la calle Tverskaya y una de ellas tiene un balcón: si te acercas a él podrás ver la cara de una de las esculturas de estilo Art Nouveau que adornan toda la fachada del edificio. Algunas habitaciones invitan más a charlar y jugar a juegos de mesa, otras invitan más al romanticismo y otras a tomar un café en compañía de un libro, pero cada una es única y todas tienen algo especial que te invita a entrar. Y, desde luego, es un lugar perfecto para pasar las largas y frías tardes de invierno.

Esta semana mis amigas y yo celebramos nuestra reunión de los miércoles allí y les encantó el lugar. Tanto es así que esta tarde MNI y yo hemos ido de nuevo y nos hemos encontrado a una de ellas que, a su vez, había llevado a otras amigas suyas. Creo que por eso es ya un sitio tan popular a pesar de tener solo un mes de vida: a quien le gusta, repite y lleva a sus amigos. Los míos y yo ya nos hemos adueñado un poquito de este maravilloso rincón de la ciudad y, como decía al principio, Tsiferblat se está convirtiendo en algo así como mi segundo hogar en Moscú.

Foto de Laura Morales

Foto de Laura Morales

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