La ciudad utópica

Foto de Laura Morales

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Se dice que la época soviética fue una época plagada de utopías: desde la comunista hasta la de planificación urbanística. Moscú es una ciudad que se ha construido y destruido a lo largo de toda su historia y dentro de ella se esconden lugares verdaderamente únicos… algunos de ellos también utópicos.

Durante los años veinte surgió el primer intento de renovación de Moscú y de crear viviendas específicas para los obreros: esta fue la idea de “ciudad-jardín”. Según los cálculos y las proporciones ideales de Le Corbusier, los edificios deberían ocupar el 14% y las zonas verdes el 86% del espacio de la ciudad.

Foto de Laura Morales

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Esta utopía se intentó convertir en realidad en el proyecto de la colonia Sokol, que hoy parece un oasis en medio del caos de la ciudad. Algo así como un pueblecito lleno de dachas rodeado de altísimos edificios estalinianos.

Sokol representaba la utopía de la ciudad ideal: las calles llevan los nombres de famosos pintores rusos del siglo XIX y tienen formas asimétricas para evitar la monotonía. En cada una de ellas hay un tipo distinto de árbol y todas las casas son diferentes, pero todas conservan su estilo campestre. En el cruce entre las calles Súrikov, Polenov y Shishkin se encuentra la plaza de la urbanización, un lugar comunitario para las reuniones del vecindario.

En aquella época el proyecto utópico de Sokol no fue muy popular porque lo que triunfaba en el momento eran las grandes viviendas comunitarias, que se encontraban más en armonía con la idea de vida socialista. Sin embargo, MNI y yo nos quedamos boquiabiertos con el proyecto de las primeras viviendas socialistas y discutíamos sobre en cuál de todas esas maravillosas casas nos gustaría vivir.

Las casas de Sokol siguen ahí, intactas, en ese pequeño rincón de la ciudad, como paralizadas en el tiempo. Todas, excepto una. Una de ellas fue destruida por el fragmento de un avión que se estrelló en la urbanización durante los años 30. Ahora hay una casa nueva y extremadamente lujosa en ese lugar. Parece que los habitantes actuales de la colonia son personas con un elevado estatus social y económico, y aquel lugar que fue pensado como una utopía socialista es ahora un lugar exclusivo, solo para el disfrute de algunos privilegiados, que pueden sentir la ilusión de la vida campestre en pleno centro de Moscú y a dos pasos de la estación de metro.

Foto de Laura Morales

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Después de seguir las instrucciones del paseo por Sokol que Phoebe Taplin propone en su guía de invierno, giramos la esquina y nos encontramos en la gigantesca avenida Volokolamskoye Shosse. Ahí tomamos el trolebús número 12 que nos llevó directamente hasta el centro, ofreciéndonos un ratito de calor y unas maravillosas vistas del centro de Moscú. Nos bajamos en la estación de metro Kitai-Gorod (final de trayecto del trolebús) y nos dirigimos a tomar un tentempié en una de nuestras cafeterías favoritas, Ludi Kak Ludi, donde preparan unos batidos de fruta y unos bocadillos utópicos.

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