Finde en la dacha

Debo confesar algo: todavía no había conseguido recuperarme de la depresión post-vacacional desde después de las navidades. Estaba muy cansada, irritable, de mal humor y no había una razón aparente para ello. Lo único que sabía es que necesitaba unas vacaciones (sí, otras!) urgentes. Por eso este fin de semana MNI y yo nos hemos dado un pequeño pero merecidísimo descanso fuera del estrés de Moscú.

Hace algún tiempo fuimos a tomar algo con un amigo y nos contó que el invierno pasado él y su novia visitaron una residencia de tiempo libre a las afueras de Moscú, en medio de la naturaleza, donde era posible reservar una bania (baño o sauna rusa). Esta residencia pertenece a la escuela donde trabajamos y por eso los profesores gozamos de un descuento del 30% en ella. Por supuesto, teníamos que aprovechar la ocasión.

Foto de Alberto Fornasier

Foto de Alberto Fornasier

Durante la semana pasada organizamos el viaje y reservamos la estancia en la residencia de tiempo libre BKC Country y nos pusimos en marcha hacia allí el sábado a mediodía. Cogimos el tren en Moscú en la estación Kursky Vokzal y nos bajamos una hora y media después en la estación de Orekhovo-Zuevo, donde nos estaba esperando un taxi para llevarnos hasta campo, donde se encuentra esta residencia.

Llegamos a la recepción a las 17, justo la hora en que se puede hacer el check in. Nos dieron las llaves de nuestra habitación y fuimos a dejar nuestras mochilas. El territorio de BKC Country se compone de diferentes edificios con habitaciones a modo de hotel y también de pequeñas casas o bungalows para familias o grupos. Nosotros habíamos reservado una habitación en un edificio de dos plantas nuevo pero pequeño y acogedor. Nuestra habitación tenía las paredes de madera, un techo abuhardillado y un cuarto de baño con hidromasaje.

Foto de Alberto Fornasier

Foto de Alberto Fornasier

Un poco después organizamos algunas actividades: en este lugar se pueden realizar varias, desde montar a caballo hasta ir a la bania, y para algunas de ellas ofrecen una hora gratis. Así que lo primero que hicimos fue alquilar unos patines e ir a patinar sobre hielo. Las pistas eran pequeñas – campos de baloncesto cubiertas de hielo – pero a pesar de eso, el espacio para caer era suficiente porque en ese momento no había nadie patinando.

¡A comer!Foto de Alberto Fornasier

¡A comer!
Foto de Alberto Fornasier

El patinaje, con sus correspondientes caídas de culo de patinadora inexperta, nos abrió el apetito y miramos el reloj… ¡qué casualidad! Acababa de empezar la hora de la cena. Las comidas se hacen en una cafetería comunitaria de estilo self service y con comida típica rusa: para la comida y la cena se pueden degustar diferentes sopas, ensaladas y platos de carne y pescado. Cuando reservamos preguntamos si era posible encargar un menú vegetariano y nos contestaron que no era un problema porque siempre hay disponibilidad. La sorpresa (o no) fue que lo único vegetariano que había era una ensalada (de cuatro de las variedades que había), trigo sarraceno o arroz hervido y patatas hervidas, fritas o al horno. En fin, era posible sobrevivir. Lo mejor de todo fue el desayuno, donde había una gran variedad: kasha, blinis, frutos secos, queso, verduras frescas… pero lo mejor eran, sin duda, los lácteos producidos en su propia granja. ¡Mi desayuno de blinís con leche condensada y nueces estaba de rechupete!

Después de un desayuno tan potente teníamos ya suficientes energías para descargar…así que nos dedicamos a tirarnos por una pendiente cubierta de nieve montados en una especie de “trineo” de plástico (algo parecido a un flotador de playa). Esta era otra de las actividades que podíamos hacer de manera gratuita durante una hora.

Foto de Alberto Fornasier

Foto de Alberto Fornasier

Justo detrás de la pendiente se encontraba la bania, que fue nuestra siguiente parada. Pasamos una hora en ella, entrando y saliendo desde una casita de leña hasta un río helado con un agujero para bañarse. Yo soy una auténtica fanática de la bania desde que viví en Letonia pero nunca había tenido la ocasión de meterme en el río congelado (solo salir a la nieve o meterme en una piscina cubierta de agua fría) y esta vez no podía dejar pasar la ocasión. A MNI, en cambio, esos cambios de temperatura tan bruscos le afectan más que a mí y al principio era un poco reacio a lo de meterse en el río. No obstante, al final acabó haciéndolo y cogiéndole el gusto. Después de un relajante baño con azotes con ramas de abedul incluido, nos hemos duchado y hemos tomado un té antes de ir a comer.

Después de una abundante comida y una reconfortante siesta hemos esperado al taxi que nos llevaba de vuelta a la estación de Orekhovo-Zuevo para tomar el tren a Moscú… como mucha otra gente. Nos sentamos entre la muchedumbre y medio dormidos suspiramos… ¡ay, qué rapido se termina lo bueno! Ya tengo otra vez una gran depresión post-vacacional… Voy a empezar a planear las siguientes…

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