Más que cafeterías

Tengo clases en una empresa española en Moscú todos los lunes y miércoles temprano por la mañana. Mis estudiantes son un grupo de tres chicas muy simpáticas, aproximadamente de mi misma edad. Nuestras clases a veces se transforman en pequeñas tertulias sobre cosas que hacer en Moscú y lugares que visitar.

En nuestra última clase surgió el tema de las cafeterías y de los restaurantes y ellas me preguntaron cuáles son mis locales favoritos. Sobre las cafeterías, lo tenía más que claro: en primer lugar, Tsiferblat y después, los lugares de los que ya hablé en otros posts. Sobre restaurantes, la verdad, no lo tengo tan claro… a excepción de los restaurantes vegetarianos no se me ocurría otra cosa. En ese momento me di cuenta de lo poco que vamos a comer fuera.

Winnie Puh y sus amigos

Winnie Puh y sus amigos

Después de la clase estuve pensando un poco más en ello y me di cuenta de que, en realidad, MNI y yo somos animales de costumbre, como se suele decir. Aunque vamos raramente a comer fuera, cuando vamos es siempre a los mismos lugares. Probablemente, los rusos considerarían estos lugares como cafeterías y no como restaurantes (para ellos, la palabra restaurante tiene otro caché, otra categoría y…claro, otro precio). Entonces, en el sentido estricto de la palabra, nosotros no hemos ido nunca y probablemente no iremos a ningún restaurante en Moscú: todo lo que sea pompa y lujo nos repele terriblemente.

Pero -como estaba diciendo- sí tenemos algunos rinconcitos a los que nos gusta ir a comer de vez en cuando, en algunas ocasiones especiales.

Foto de Sup Café

Foto de Sup Café

Uno de esos lugares es “el sitio de las sopas”, como nosotros lo llamamos. Y es que no hay otra definición posible: en el Sup Café se pueden comer varios tipos de platos calientes y fríos, cafés, cocktails y postres pero sobre todo se pueden comer sopas. Hay tantos tipos de sopas como se pueda imaginar. Y lo mejor de todo es que en la carta se especifican los ingredientes: las sopas vegetarianas están marcadas también y, para mi deleite, hay bastante variedad -aunque yo siempre pida la de tomate y albahaca, que está riquísima 😉 Cada plato de sopa cuesta alrededor de los 200 rublos.

El local se encuentra muy cerca de la estación de metro Bieloruskaya en un sótano oscuro y acogedor, con las paredes de ladrillo.

Foto de afisha.ru

Muy cerca de ahí se encuentra “el sitio de las hamburguesas”, Corner Burger. Lo descubrimos un día por casualidad mientras íbamos al sitio de las sopas y nos confundimos de calle. Entramos, preguntamos si tenían hamburguesas vegetarianas y nos quedamos. Solo tienen una variedad de veggieburger, excepto en época de cuaresma, que tienen tres o cuatro. Una hamburguesa cuesta alrededor de los 400-500 rublos pero los bocadillos son extraordinarios: grandes, saciantes, sabrosos y además van acompañados de un platito de patatas fritas y otro de ensalada.

Es un lugar moderno, con un estilo chic rollo estadounidense y creo que es bastante popular entre los expats de varias nacionalidades.

Y nuestro último descubrimiento fue “el sitio de los pelmeni”, Pelman, ubicado en pleno centro de Moscú, en la calle Tverskaya – al lado del metro Pushkinskaya. Pelman es un restaurante de estilo fast food donde básicamente se pueden comer pelmeni, los “tortellini” típicos de la cocina rusa. Habitualmente los pelmeni están rellenos de carne y aquellos que están rellenos de otra cosa (verduras, queso, mermelada…) se llaman Vareniki. En Pelman se pueden comer pelmeni, vareniki, tortellini, dumplings o como se llamen rellenos de montones de cosas diversas (además de carne): calabaza, queso suluguni, patata, trigo sarraceno (grechka)… Los pelmeni pueden acompañarse de una sopa o una ensalada (aunque aquí la oferta es bastante más limitada).

Pelman

Foto de Laura Morales

El restaurante es de estilo fast food: sin servicio, es necesario levantarse y pedir en la barra; los precios son competitvos (una ración de pelmeni cuesta entre los 110 y los 200 rublos); hay solo mesas altas con taburetes para comer rápido e irse sin hacer la sobremesa; y lo que menos me gusta de cualquier fast food: no hay platos, vasos ni cubiertos “reales” todo es de usar y tirar. A pesar de todo eso, no me parece un fast food al uso. La comida es de buena calidad, la decoración es moderna y la atmósfera agradable.

Lo mejor de todos estos lugares es que son baratos, se come bien, hay opciones vegetarianas y son acogedores. ¿Qué más se puede pedir? Hemos llegado a la conclusión de que cualquier restaurante de Moscú que tenga cierta atmósfera y comida que suene a “europea” se encuentra en el derecho de inflar sus precios. No obstante, a los rusos no les importa gastarse un poco más para disfrutar de ese gusto europeo, diferente de su comida tradicional. En cambio, nosotros no estamos dispuestos a pagar comida “presuntamente mediterránea” a precios desorbitados cuando podemos cocinarla en casa. Pero hablando de todo esto se me está abriendo el apetito…creo que hoy cenaremos fuera, ¡buen provecho!

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