Mujuice

Roma Litvinov, un moscovita de 25 años, es el creador, la voz y la imagen de la banda de pop Mujuice. Yo conocí este grupo un poquito antes de venir a vivir a Moscú, mientras preparaba mi viaje, esperaba mi visado e intentaba estudiar un poco de ruso de supervivencia. En medio de todo ese caos de preparativos me encontré con la música de Mujuice. El primer videoclip que vi fue el de su canción Выздоравливай скорей! (“Que te mejores pronto”), y sus imágenes me causaron una fuerte impresión: ese es el lugar donde iba a vivir .

De hecho, mi primera impresión de Moscú no fue muy diferente: una carretera interminable llena de coches, sensación de pérdida total en un lugar en el que todo es igual multiplicado por infinito, casas que parecen colmenas, un cielo gris plomo lluvioso.

Su música mezcla sintetizadores con teclados y batería eléctrica, creando melodías diversas que invitan tanto a saltar a la pista de baile como a escucharlas tranquilamente en casa. Las letras tienen tintes de poesía surrealista y, en contraste con la música, las imágenes que crean sus palabras invitan a la decadencia y a la melancolía: algunas de ellas tienen títulos tan optimistas como “La mañana en que moriremos”:

Cuando llegué pensaba que iba a ser muy fácil poder asistir a uno de sus conciertos. Pensaba que serían frecuentes…y me equivocaba. Habitualmente sus actuaciones son alrededor de Europa o en otras ciudades de Rusia pero no muy a menudo en Moscú. Pero el pasado mes de diciembre lo conseguí.

Un sábado de diciembre, mi compañera de piso y yo nos dirigimos a la antigua fábrica de coches y electrodomésticos Zil, en la estación de metro Avtozavodskaya, para escuchar un concierto de Mujuice. Después de dar vueltas durante 20 minutos por un polígono industrial al borde de una carretera de cinco carriles en cada sentido llegamos a la sala de conciertos Zil. Con el paisaje desoldador que rodeaba a la sala, esperábamos encontrarnos con un antro medio abandonado lleno de gente extraña. Pero nos llevamos una grata sorpresa al encontrarnos ante una sala amplia, nueva y elegante con dos zonas: una pista de baile al pie del escenario y la zona VIP, con un lugar reservado para sentarse.

Foto de Push'n'Pull

Foto de Push’n’Pull

El concierto empezó a las 20h pero antes de la actuación de Mujuice hubo otras dos. La primera, la del DJ Max Aplin y la segunda la de la banda Push ‘n’ pull: no los conocíamos antes pero Push’n’pull no nos dejó indiferentes y algunos de sus temas nos gustaron. Por fin, a las 22:15 empezó el concierto esperado por todos. Mujuice al completo apareció en el escenario: un batería, un DJ y Roma, que tocaba el bajo o la guitarra eléctrica en algunos temas. En la primera parte del concierto tocaron las canciones de su álbum más famoso, Downshifting, que todo el mundo conocía y coreaba (y, la verdad, me sorprendió un poco que fuera tan popular).

Al principio la calidad del sonido no era muy buena y era difícil oír la voz de Roma. La chica que estaba delante de mí le decía a su novio que no podía comprender de qué canción se trataba. Después de un par de canciones el sonido mejoró y todo el mundo – también la chica de delante – cantaba y saltaba. Después de una hora escuchando las canciones de Downshifting, la banda continuó hasta el final de la actuación con las canciones de su nuevo álbum, todavía inédito.

Foto de nightparty.ru

Mujuice, Foto de nightparty.ru

Hasta ese día siempre había escuchado y entendido a Mujuice como una banda predominantemente pop y electrónica pero en el concierto me sorprendió encontrarme ante un espectáculo bastante rockero. La atmósfera electrónica, un tanto melancólica, estaba diluida bajo el sonido enérgico de la guitarra y la batería. El cantante bailó durante todo el espectáculo incansablemente y la gente del público imitaba los movimientos de su coreografía, llena de saltos desacompasados y excéntricos movimientos de brazos y manos.

Esta fue una de las canciones más bailadas, cantadas y aplaudidas del concierto en Zil:

Zil, Zil… ¿de qué nos sonaba ese nombre? Llegamos a casa un poco después de la media noche, cansadas y con un poco de hambre. Le pregunté a mi compañera si quería comer algo, abrí la nevera y ahí estaba: la nevera del piso donde habíamos vivido durante cuatro meses era esa, Zil.

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