La isla del tesoro

Domingo de febrero por la mañana, el sol brilla con fuerza: ni hablar de quedarse en casa. ¿Qué podemos hacer? Un paseo de Phoebe, ¡claro!

Cogimos el metro hasta llegar a la estación Shchukinskaya, donde un trolebús nos llevó a la orilla del río, cerca de una de las islas que hay en el del Moscova, Serebryany Bor.

Foto de Laura Morales

Foto de Laura Morales

La isla Serebryany Bor es uno de esos pequeños tesoros que tanto abundan en Moscú. De repente, en medio del caos de la ciudad, se abre un pequeño remanso de paz, una puerta que conduce a la naturaleza y crea la ilusión de estar fuera de la ciudad.

El sol y la temperatura suave (+1ºC) invitaban a salir. Los moscovitas se habían lanzado a la calle y la isla estaba llena de gente que paseaba, practicaba esquí de fondo e incluso se reunían para organizar barbacoas.

Foto de Laura Morales

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Los más valientes aprovechaban los agujeros hechos en el lago para darse un refrescante y saludable baño. Y es que Serebryany Bor es uno de los lugares favoritos de los moscovitas tanto en verano como en invierno.

Foto de Laura Morales

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Después de un paseo por la isla, Phoebe nos invitaba a cruzar el río a pie siempre que las condiciones fueran adecuadas y el río estuviera bien congelado. A pesar del sol y de las altas temperaturas, el río estaba cubierto de una espesa capa de nieve bajo la cual había todavía varios metros de hielo. Era totalmente seguro caminar por encima del Moscova. Algunos vecinos de la zona esquiaban también ahí y otros incluso montaban en Quad por encima de las olas congeladas del río.

Foto de Laura Morales

Foto de Laura Morales

La guía indicaba que en la otra orilla del río se encontraba la parada de metro Strogino (línea azul), pero a nosotros nos interesaba más volver a través de Shchukinskaya (por donde habíamos llegado). Así que cruzamos el río de nuevo y volvimos, esta vez a pie, hasta el metro. En total nuestro paseo duró unas seis horas, en las que disfrutamos del sol, del buen tiempo, del aire fresco y de la naturaleza… con un merecidísimo capuccino final en el Starbucks que hay cerca del metro.

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