El lago de…

Foto de stanmus.com

Cisne negro

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Este invierno hemos ido por primera vez a un ballet clásico: El lago de los cisnes. La verdad, teníamos un poco de miedo sobre si el espectáculo iba a gustarnos o si, al contrario, iba a aburrirnos hasta la muerte. Puede ser que el hecho de que en un determinado momento MNI y yo saliéramos corriendo de la sala y nos dirigiéramos a toda prisa a la salida donde un guardia de seguridad nos dijo muy amablemente que el espectáculo no se había terminado pueda daros una pista sobre nuestras impresiones. Sí, pero es una pista falsa.

Bromas a parte, aunque lo que acabo de escribir es totalmente cierto, después de un largo y tedioso primer acto en el que la acción era mínima (por no decir nula) nuestras espectativas cayeron en picado.

Como decía, el primer acto fue solo una introducción del ambiente y del personaje del príncipe, cuya madre estaba empeñada en que él encontrara una esposa (como siempre, esto era de vital importancia por razones de estado). Así que ella se dedicaba a organizar bailes y más bailes y más bailes y él ignoraba a todas las chicas. Y eso es todo lo que vimos en el primer acto: un sinfín de bailes y más bailes durante alrededor de dos horas. En este punto imaginanamos perfectamente el tedio del príncipe y nos solidarizamos absolutamente con él.

En el descanso MNI y yo comentamos resoplando que esperábamos que el segundo acto fuera distinto y hubiera algo de acción porque si el estilo del primer acto continuaba íbamos a echarnos una buena siesta.

Se apagaron las luces de nuevo, la orquesta empezó a tocar y se alzó el telón. Teníamos el corazón en un puño, esperando qué iba a suceder en el escenario. El decorado había cambiado completamente y nos encontrábamos ahora en el maravilloso palacio, que se llenó de color, de vida y de acción gracias a los numerosos bailes distintos e impresionantes. Uno de los que más nos impactó fue la danza de estilo flamenco (que lleva el título de “Danza española”) protagonizada por el cisne negro y su séquito maligno.

Al final de este acto el espectáculo había durado ya tres horas y había terminado de una manera que nos pareció bastante buena, como un final abierto: el príncipe se da cuenta del engaño y sale en busca de su verdadera amada, el cisne blanco.

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Por eso pensamos que el espectáculo había terminado e intentamos escapar rápidamente para evitar las largas colas del guardarropa. Pero aún quedaba un último acto brevísimo, de apenas 30 minutos, donde tenía lugar el emocionante reencuentro entre los amantes. Salimos de la sala dudosos, pensando si ese era el verdadero final o si otra vez el vigilante nos iba a avisar de que quedaba un acto más. Puede ser que saliéramos un poco rápido, tuvimos esa impresión al recoger los abrigos. La señora del guardarropa nos dijo “sois los primeros”. Después de haber vencido a todos los rusos en la competición de la cola del guardarropa y ver un ballet de cuatro horas de principio a fin volvimos a casa conentos y satisfechos.

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