Un cascanueces accidentado

En una entrada anterior ya escribí sobre nuestra primera experiencia en el ballet ruso. Hoy voy a contaros cómo fue la segunda porque, la verdad, fue tan accidentada – o más – que la anterior.

nutcr01En el mes de diciembre, cuando mi hermana me dijo las fechas en las que iba a venir a Moscú, decidí comprar unas entradas para el ballet. ¡Un turista en la capital rusa no puede irse sin verlo! Para esas fechas encontré entradas disponibles para el teatro Stanislavsky -el mismo al que ya habíamos asistido MNI y yo- y para ver el famosísimo ballet El Cascanueces. El espectáculo se representaba dos días consecutivos, miércoles y jueves, así que antes de comprar las entradas lo consulté con MNI y mi hermana para ver cuál de los dos días les parecía mejor. Llegamos a un acuerdo y yo me ocupé de ir a comprar las entradas.

Pasaron los meses y mi hermana llegó a Moscú. Visitamos juntas la ciudad y esperábamos con ansias que llegara el jueves para ir al ballet. El miércoles por la noche fuimos los tres juntos a tomar algo y comentamos con ilusión nuestro plan para ir al ballet el día siguiente. Al llegar a casa decidí coger las entradas y meterlas ya en el bolso para no olvidárnoslas. Las saqué del sobre en el que las había guardado y leo: 27 de marzo. Corro a preguntarle a mi hermana ¿qué día es hoy? Su respuesta me dejó pálida. Ella respondió con toda tranquilidad: ¿Hoy? 27, ¿por qué? Empecé a caminar pasillo arriba y pasillo abajo diciendo solo una frase “No, no, no no, no puede ser.” Y después “Era el jueves, estoy segura, era el jueves”.

MNI mantuvo la calma en todo momento mientras yo le contaba lo mal que me sentía, que ahora mi hermana no podría disfrutar del ballet ruso, que era mi culpa y que entre los tres habíamos tirado 6.000 rublos a la basura. Pero durante la conversación entrevimos lo que podría ser una solución: recordamos que cuando fuimos a ver El lago de los cisnes había un montón de babushkas que compraban entradas “last minute” mucho más baratas en algunas sillas añadidas a los lados de cada fila de butacas. Todavía nos quedaba un poco de esperanza y me dije a mí misma que íbamos a solucionarlo.

dsc_0807El jueves 28, una hora antes del inicio del espectáculo nos dirigimos a la taquilla. MNI se acercó a la taquillera, le enseñó nuestras entradas que no valían nada y le dijo: “Tenemos entradas de ayer”. Tras la cortante respuesta de la taquillera:”¿Y qué?” MNI cambió su discurso y le preguntó si tenían entradas libres para ese día. Tenían entradas de “visibilidad limitada” en un palco por 700 rublos. Aceptamos. Al final, nuestros asientos no tenían una visibilidad tan limitada: estábamos en la primera fila del palco y podíamos apoyarnos en el borde para ver mejor. Además, desde arriba podíamos ver también perfectamente la orquesta.

Durante todo el espectáculo no dejé de pensar en ningún momento: ¡menos mal que hemos conseguido solucionarlo! El ballet fue maravilloso:  la música era espléndida; el vestuario estaba hecho con detalle; los decorados eran muy cuidados y el escenario estaba lleno de luz, de movimiento y de color todo el tiempo.

Una de las escenas que más nos impresionó fue la de los ratones, en la que se desarrolla una batalla entre estos roedores y los soldaditos de plomo, a las órdenes del Cascanueces.

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También nos gustó descubrir que la mayor parte de las canciones que aparecen en la película de Disney Fantasía son piezas de este ballet.

En fin, parece que  toda la confusión con los días fue porque en la entrada estaba también escrito el día 28… ¡pero de enero! Fue el día que compré las entradas en el teatro. Estoy segura de que después de esta anécdota no me va a volver a pasar. O eso espero…

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