Nuestro 1 de mayo

Quería contaros el paseo de Phoebe Taplin que hemos hecho hoy MNI y yo. Por supuesto, no es más que un pretexto para escribir una vez más sobre comida y cafeterías bonitas que merece la pena visitar. Creo que me estoy engordando…

En fin, el paseo empezaba cerca del zoo de Moscú al que no entramos (cualquier lugar con animales encerrados y sufriendo no es un lugar para nosotros). Pasamos de largo las largas colas de familias con críos que se amontonaban en las taquillas del zoo y continuamos con nuestro paseo alrededor de esa zona, famosa por ser residencia de una numerosa comunidad georgiana. Precisamente, no muy lejos del zoo se encuentra la casa-taller del escultor de origen georgiano Tsereteli, que hizo un montón de esculturas que están repartidas a lo largo y ancho de Moscú (y muchas de ellas crearon polémica, por cierto, como su Pedro el Grande que navega el río Moscova).

Al lado del taller de Tsereteli hay un jardín dedicado a la comunidad georgiana, una iglesia georgiana y una pequeña panadería-cafetería (que, por cierto, no aparecía en nuestra guía) en la puerta de la que se anunciaba khachapuri recién hecho y “mejor que en casa”. Como buenos fanáticos del khachapuri no pudimos resistirnos y tuvimos que entrar a curiosear…¡qué sorpresa!

En la entrada nos encontramos con una panadería pequeña pero nueva, bonita y al más puro estilo europeo donde vendían deliciosas tartas, pan, pastas y algo de comida para llevar. Pero la sorpresa no terminaba ahí, porque unas escaleras conducían a una planta subterránea con una pequeña y acogedora cafetería. Ahí la decoración era también muy cuidada, entre tradicional y europea. La atmósfera era íntima y casera: en la sala había solo unas pocas mesas (todas llenas, por cierto) y una barra detrás de la que ardía un horno de leña. El menú ofrecía platos georgianos y algunos europeos pero, por supuesto, nos decantamos por los georgianos y pedimos un entrante para compartir de espinacas con frutos secos y hierbas aromáticas (estaba servido como en una especie de puré) y un khachapuri tradicional relleno de queso. Estaba todo muy rico, aunque las espinacas sabían un poco demasiado a esa maldita hierba que no nos gusta mucho a MNI y yo, y a la gente mediterránea en general: el eneldo.

¿Panadería?

Al salir de comer, con el estómago lleno por fin, continuamos con un paseo lleno de más y más sorpresas: en primer lugar nos encontramos con una catedral católica que nos sorprendió por su tamaño y porque era muy bonita. Continuamos y encontramos lo que según la guía era un rojo y gran cilindro de los años 30 y estilo constructivsta donde se fabricaba pan. La guía nos invitaba a comprar pan fresco en la pequeña tienda situada a la entrada. Pero la tienda en sí misma no invitaba mucho a comprar nada… Caminamos por la misma calle hasta una furgoneta aparcada con las puertas abiertas y un cartel luminoso de “OPEN WELCOME” donde ofrecían reparaciones de automóviles al instante. Esto no estaba en la guía, claro, pero nos gustó más que la fábrica constructivista de pan y tuvimos que fotografiarlo.

OPEN

El paseo terminaba con la visita de dos cementerios. En el primero de ellos, Vagankovo, se encuentran numerosas personalidades de la cultura y la sociedad rusa: el famosísimo cantautor Visotsky, el poeta Esenin y la legendaria Sonya Mano-Dorada, que robaba a los ricos para darselo a los pobres (sí, como Robbin Hood) cuya tumba es una escultura sin cabeza y sin nombre y está llena de graffiti y flores. En este caótico cementerio, las tumbas se amontonaban unas encima de otras y la mayoría estaban cerradas con rejas. Además, para poder acceder a otro pasillo se tiene que caminar entre las tumbas por un estrechísimo camino. Me sorprendió que hubiera tanta gente en Vagnakovo y el ambiente casi festivo del lugar: mucha gente estaba limpiando y adornando las tumbas de sus familiares, otros pintaban las rejas metálicas, muchos llevaban flores y otros, como nosotros, solo paseaban para ver las tumbas de personajes célebres. En este momento nos encontramos con un vejecito que al vernos leer la guía se nos acercó y decidió guiarnos él mismo (sin que nosotros le dijeramos nada) hasta la tumba de Sonya Mano-Dorada.

IMG_1257Nos despedimos de nuestro guía y nos dirigimos al segundo cementerio, justo enfrente de Vagankovo. Este era un cementerio armenio, de apariencia más moderna y con unas esculturas más lujosas y grandes, esculpidas generalmente en piedra negra. A la entrada del cementerio había tres músicos armenos que tocaban el duduk (una especie de flauta armena). He intentado buscar vídeos en youtube para mostrar el sonido de este instrumento, pero ningún vídeo de los que he encontrado podría dar una idea de cómo estaban tocando aquellos tres señores que pedían dinero en la puerta del cementerio.

Después de la visita a este cementerio el paseo había terminado y volvimos al metro perplejos: cada vez los paseos de Phoebe nos parecen más raros. Y, precisamente, lo que más nos ha gustado de este ni siquiera salía en la guía.

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