Mal humor

El día siguiente nos esperaban más sorpresas en Moscú. Esta vez un poco peores: al final del día me sentí frustrada y enfadada con la ciudad y todos sus habitantes. Ahora vais a saber por qué.

El día amaneció despejado, con un cielo azul intenso y un sol radiante. Habíamos pensado visitar una fábrica de cerveza con algunos amigos pero con ese día tan maravilloso cancelamos los planes y salimos a pasear y a tomar el sol. Compramos unas fresas en el mercado y decidimos ir a comérnoslas cerca del puerto.

PuertoFuimos en metro hasta la estación Rechnoi Vokzal (Estación del río), tal como recomendaba Phoebe Taplin en uno de sus paseos. Paseamos por un parque hasta llegar a la vieja estación fluvial y allí continuamos tomando el sol y paseando por la orilla del río. Cerca había un pequeño parque infantil muy tranquilo con algunos bancos al sol y ese lugar nos pareció perfecto para sentarnos a comer nuestras fresas. Después de nuestro pequeño picnic, nos quedamos sentados descansando y tomando el sol un poco más y, en un momento, MNI se acercó para darme un beso. Fue un beso rápido e inocente. Inmediatamente oímos a nuestro lado a una mujer que gritaba. Al principio no podía creer que nos estaba gritando a nosotros y que nuestro beso fugaz la hubiera indignado tanto pero sí, asíera: “Jóvenes! qué hacéis?! no veis que hay niños?!” MNI le contestó de manera burlona y esto molestó tanto a la señora que cogió su teléfono móvil. Hablaba a gritos por para que pudiéramos oír claramente que estaba hablando con la policía. Imagino que la conversación fue fingida, pero no nos quedamos para comprobar si la policía venía o no. Esta mujer y sus compañeras empezaron a reírse a carcajadas. Nosotros nos fuimos de nuestro banco soleado, sí, pero antes les enseñamos nuestro dedo medio e intercambiamos algunos insultos.

Esta anécdota me puso de muy mal humor. ¿Está mal ver a personas que se quieren y que se muestran afecto pero está bien reírse de la gente, insultarla y amenazarla con llamar a la policía? El mal humor me duró un buen rato. Volvimos al metro y decidimos ir a comer algo a un sitio nuevo sobre el que había leído en Bolshoi Gorod. Es un pequeñísimo lugar hebreo donde hacen hummus y falafel, dos de mis platos favoritos y muy difíciles de encontrar en Moscú. Me moría de ganas de probarlo pero…Primero, nos costó bastante encontrarlo. Segundo, cuando lo encontramos el lugar nos pareció demasiado pequeño para quedarnos allí y decidimos comprar algo para llevar. Tercero, el camarero intentó timarnos con el cambio y quedarse con mi billete de 1.000 rublos. Otra vez me enfadé con el mundo y me puse de muy mal humor. ¿Solo por ser extranjeros la gente cree que tiene derecho a tomarnos el pelo? Y dos veces en un solo día.

Por suerte, el día terminó bien. Después de todo conseguimos reservar el hotel para nuestros padres, que vendrán a visitarnos en verano y la recepcionista fue muy amable con nosotros e ¡incluso hablaba español! Después de mi enfado necesitaba un poco de amabilidad para volver a darme cuenta de que esas cosas pasan y pueden pasar en cualquier lugar.

Anuncios