Un fin de semana especial

Este ha sido nuestro último fin de semana en Moscú. Sí, nos vamos… ¡Nos vamos! Primero nos esperan unas buenas vacaciones en casa y después. Ay, después tenemos muchos planes y proyectos interesantísimos que de momento no voy a desvelar. Pero lo que sí puedo decir es que por ahora no tenemos planes de volver a Moscú. Por eso, he pasado toda la semana pensando la mejor manera de aprovechar este último y especial fin de semana.

¿Qué podemos hacer? La verdad, quería hacer algo realmente especial pero no se me ocurría nada. Cuando el momento de irse está ya planeado y decidido y tan cerca me parece difícil aprovechar el momento presente. Me siento ya en otro lugar, como si mi alrededor ya no fuera Moscú.

El sábado nos levantamos tardísimo (bueno, yo me levanté tardísimo, MNI llevaba ya horas dando vueltas por la casa y haciendo la maleta) y sin saber qué hacer. No tenía ganas de nada, pero no quería estar en casa así que invité a MNI a salir a desayunar a una cafetería que nos encanta y dónde ibamos a desayunar cada mañana cuando nuestros padres nos vinieron a visitar. Era ya la una cuando llegamos, pero no pudimos resistirnos a su capuccino y su deliciosa tarta de chocolate. Después del “desayuno” seguíamos sin ningún plan, así que a MNI se le ocurrió la genial idea de volver a casa andando (unos 20 km desde donde estábamos). Hacía mucho calor y me dolían los pies, así que solo conseguimos llegar hasta Baumanskaya (una tercera parte del camino) donde hicimos un alto en el camino en el parque para sentarnos debajo de un árbol y beber un vaso de kvas fresquito.

Regresamos a casa (haciendo el resto del camino en metro), comimos, vimos una película (nada de películas rusas o soviéticas esta vez), dimos un paseo por el barrio para airear la cabeza y estirar las piernas y continuamos haciendo las maletas.

El domingo continuamos con las maletas y por la tarde, por fin, hicimos algo un poco más especial: nos reunimos con algunos amigos para charlar y tomar algo. No voy a decir que quedamos para despedirnos, porque estoy segura de que nos vamos a volver a ver.

El lugar en el que nos reunimos fue Tsiferblat, pero no aquel donde vamos siempre en la calle Tverskaya sino otro al que todavía no habíamos ido nunca, cerca del metro Chisty Prudi. Entre juegos, música en directo, cafés y conversaciones el fin de semana ha llegado a su fin de la manera más sencilla, que es también la más especial.

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